LA TELEVISIÓN ME MATA por Fabiola Maqueda
La mujer puede aprender de sus hijos. El varón y/o la mujer suelen reproducir un deseo de liberación en ellos.

En una entrevista realizada a comienzos de los 70 a la filósofa y escritora de "El Segundo Sexo", dice Beauvoir: "El proyecto de crear albergues para las mujeres maltratadas es particularmente importante porque, al igual que en el aborto, el problema de la violencia concierne a casi todas las mujeres, independientemente de su clase social. Desborda las fronteras de clase. Las mujeres son maltratadas por sus maridos tanto si son jueces o magistrados como se trata de obreros. Así pues nosotras hemos lanzado un S.O.S. Mujeres Maltratadas y buscamos lugares para dar cobijo a una mujer y a sus hijos que no pueden regresar a casa porque su marido las amenaza, a veces, de muerte".

Ahora, en el año 2002, una red organizada de mujeres españolas que luchan contra la violencia de género intenta recabar 500.000 firmas para llevar al Parlamento una propuesta de ley Integral, que supere de un vez por todas el voluntarismo como único medio secular de remediar un problema social cronificado, que afecta potencialmente a la mitad de la población de nuestro país. Si la estadística de casos es creciente por el sólo hecho de que se manifiesta en denuncias ante los juzgados, hay que temer muchos otros incofesos, ocultos tras la vergüenza, la represión y el miedo. En España, donde la mujer ocupa cuotas de poder institucional mínimas, aunque en un ascenso constante, cabría esperar líneas de actuación política más radicales contra este prejuicio mortal al que no se le ajusta la eufemística denominación de "violencia domestica". ¿Desde cuándo torturar y/o matar a un compañero de oficina se considera violencia laboral, sino un delito de lesiones y/o de asesinato u homicidio? Entonces ¿por qué maltratar y/o matar a la pareja es violencia doméstica? La unica violencia doméstica que reconozco la produce la Televisión.

La violencia contra mujeres como contra varones se unifica en las actuaciones penales, independientemente del ámbito en que se origine, y en todo caso cabe esperar que las penas se agraven cuando se ejerce sobre personas indefensas, ya amenazadas, contra las que resulta tan fácil atentar, a veces, hasta la muerte. El parricidio como el uxoricidio existen más allá de la atenuación que sugiere esta categoría disuasoria de la jerga de los Medios de Comunicación masivos

La puesta en escena -que no denuncia- a cargo de la Televisión pone rostro y subtítulo a este drama social, virtualizándolo, desterrándolo de su lugar central, de su verdadero espacio: la realidad social inmediata de nuestro país: ese paraíso democrático con/sin cuento. Un relato casual que acapara, de vez en cuando, los titulares de sucesos de los Informativos televisuales, espacio privilegiado que compartimos con las videoguerras humanitarias, las catástrofes supuestamente naturales, pero que se originan en otras cumbres y a escala política transnacional, los accidentes laborales planificados sin casco o la mortalidad en las autopistas y no precisamente en las de la información. "Daños colaterales" en fin que apenas empañan este progreso desenfrenado, cuya leyenda discurre por un circuito cerrado de pantallas desde los gabinetes gubernamentales de la Seguridad Interior y las cajas negras de los dispositivos audiovisuales hasta los aparatos de televisión instalados en la sala de estar de nuestros hogares.

Si no fuera suficiente privilegio figurar como recurso en un almacén de noticias de relleno en las agendas informativas, en las parrillas de programación, en las que nos consumimos, se nos provee de una descarga diaria de somníferos "del rosa al amarillo"; la ingesta sobredosificada de una droga de diseño (que por cierto pagamos con la compra del detergente) que hace estallar las neuronas de la conciencia de lo real y hasta de nosotros mismos.

Los valores de dignidad e igualdad, que la mujer discurrió ante el varón durante más de 170 años, reescritos hoy en 625 líneas repletas de chismes que nos desacreditan, rebajándonos al nivel de esos mascarones tallados en una mitología de pasarela, presentadoras sin corazón con pretensiones de conducir una nave que no va. La descalificación del discurso feminista de igualdad y la espectacularización de una tragedia -que es el correlato de esa descalificación- quizás convengan a los programadores de las cadenas de televisión enganchados al formato "gore" de las realidades sociales, pero las experiencias que no nos permiten vivir en igualdad o aún peor, que amenazan nuestra vida, no deben dirimirse en los platós sino en el Parlamento, al menos mientras sigan empeñados en desfigurarnos.
Continúa Simone de Beauvoir diciendo: "Las feministas rehúsan ser mujeres alibis (coartada) como yo lo fui. El sexismo es realmente un hábito. ¡Hay que luchar!"

El día que consigamos cumplimentar el trámite parlamentario que exije 500.000 firmas, las voces de decenas de millones de mujeres tendrían que conmover los cimientos del edificio que testimonia la soberanía nacional, pues hasta que se apruebe por mayoría suficiente una ley integral plenamente aplicable que erradique la tortura y el asesinato de mujeres, la mitad de la población no podrá considerarlo Cámara de representación de todos los españoles.